Sobre la espiritualidad.

 Si preguntáramos desprevenidamente a varias personas ¿qué entienden ellas por lo espiritual, o

lo qué es la espiritualidad?, recibiríamos seguramente diferentes respuestas; La espiritualidad lo espiritual es una cierta relación con Dios, dirían algunos, es el acercamiento o el contacto con todo aquello que tenemos por sagrado. Y si fuésemos un poco más allá y les dijésemos, -muy bien, pero ¿que busca esa relación, cuál es en realidad la utilidad de ese contacto, para nosotros los seres humanos? La salvación, afirmarían ellos seguramente, ¿la paz, el bienestar, el vivir mejor? Y ¿de qué queremos salvarnos? ¿Qué significa esa búsqueda de un estado más pleno?

¿Cómo interpretar ese “vivir mejor”? ¿Acaso eso que llamamos “la salvación” no es la posibilidad de escapar al dolor de un supuesto castigo eterno y ese “estado de gracia”, pleno y placentero, no es por cierto la misma aspiración?

No’, nos responderán otros; La vida espiritual es “el conocimiento del mundo intangible” o espiritual, donde habitan potestades y fuerzas que influyen de una u otra manera sobre nosotros.

Está muy bien, pero nuevamente, ¿para qué habría yo de querer conocer ese plano invisible?

Bueno, para ayudarme a obtener lo que quiero y mejorar mi vida, afirmaran ellos; Para estar en buenas relaciones con mis seres queridos, procurarme seguridad y tener una vida más saludable.

Y, aunque en el fondo, persigan lo mismo, habrá otros que opinan que lo espiritual o la espiritualidad es la búsqueda de un estado de armonía interna, una especie de reconciliación profunda consigo mismo y los demás, una suerte de estado de “tranquilidad razonable” en medio de las dificultades que presenta inevitablemente el diario vivir.

Nada de eso objetaran todavía otros más, Lo espiritual, es toda producción del espíritu humano.

Ellos verán en el arte, la política, las ciencias, la filosofía, etc., la órbita de lo espiritual. Y verán la

historia como el relato de todos los esfuerzos de la inteligencia humana por procurarse una respuesta existencial y un mejor modo de estar sobre la superficie de la tierra. En fin, en lo que

 Todos si parecen estar de acuerdo es en el fin último de “lo espiritual’. La razón profunda de la tarea espiritual parece ser entonces LA SUPERACION DEL SUFRIMIENTO.

Y esta conclusión no es tan sorprendente si tenemos en cuenta que la pulsión primordial de todos los seres vivos es la misma: ¡Rechazo reflejo del estimulo irritante o doloroso y adhesión o acercamiento hacia el estimulo placentero! Se trata de un mecanismo diseñado por la naturaleza para garantizar la supervivencia de las especies. En el ser humano, éste mecanismo universal es aun más acentuado. Así pues el objetivo tácito de todos nuestros afanes y desvelos es alejar el dolor y el sufrimiento y hacerse con un estado de paz, bienestar o felicidad, que le dé fundamento a nuestra existencia. Esa es pues la preocupación en vista de la cual nos ejercitamos espiritualmente. Por lo tanto, un verdadero camino espiritual habrá de redundar precisamente en ello.


Aquí surgen, sin embargo, otras preguntas: Qué es el sufrimiento?, Como se origina?, Es acaso

algo inherente a la condición humana, o es algo aprendido, algo adquirido?. En esto hay también diferentes posturas. Hay quienes opinan que el sufrimiento es algo a lo que está irremediablemente condenado el ser humano; algo con lo que tiene que aprender a convivir,

pues nunca le será posible desprenderse de él. Otros piensan que el sufrimiento es el precio que

debemos pagar por las comodidades y el bienestar de la vida moderna. Algo así como que “el

sufrimiento es el precio de la felicidad”. Otros aseguran que del sufrimiento se obtienen lo dividendos para sanar el alma de toda culpa y quedar a paz y salvo con la vida. Y hay Incluso quienes aseveran que el sufrimiento es necesario y deseable.

El nuevo humanismo sostiene que el sufrimiento es el indicador inequívoco de un mal proceso mental, efectuado por la conciencia. En otras palabras es como el síntoma de una disfunción de la conciencia. Ningún beneficio se obtiene del sufrimiento, a no ser este aviso de que algo anda

mal en los juicios y combinaciones mentales que está haciendo la conciencia.

Sabemos también que la renuncia, la locura y el suicidio han estado precedidos de dolores

aparentemente insoportables. Alguna vez Jesucristo preguntó inteligentemente: “De qué le sirve

al hombre ganar el mundo si pierde su alma?”. Para la concepción moderna “perder el alma”

sería llenarla de sufrimiento. El infierno vendría a ser entonces un estado vital de dolor, de

amargura. El cielo, sería lo opuesto. La salvación - o “el reino de los cielos”-, la superación del

estado sufriente o la plenitud. Se trata, pues, de un asunto muy práctico y serio. Una cuestión de

“aprender a vivir’, de aprender a relacionarse con los demás de cierta manera, de crecer, de

desarrollarme, de lograr ciertas cosas. Vistas, así las cosas, lo espiritual, dejaría de ser un

escapismo, como lo achaca el pragmático materialismo, ¡para convertirse precisamente en lo

opuesto!: Un incrustarse completamente en la realidad, a fin de dar resolución a problemas

concretos. No fugándose a planos etéreos, ni aislándose, ni operando mágicamente, sino

enfrentando la tangible realidad, mi tangible realidad, ¡a través de la acción aplicada y posible

con otras personas!

El ejercicio espiritual, en consecuencia, será útil si me enseña y ayuda efectivamente a bien vivir,

a bien relacionarme y a bien proporcionar mis metas, a fin de darle un sentido verdadero a mi

vida. El indicador de progreso será indefectiblemente el registro de plenitud creciente, es decir

lo diametralmente opuesto al sufrimiento.

El primer capítulo del libro EL PAISAJE INTERNO, de SILO, fundador del nuevo humanismo, dice

así:


LA PREGUNTA


1-He aquí mi pregunta: ¿a medida que la vida pasa, crece en ti la felicidad o el sufrimiento? No

pidas que defina estas palabras. Responde de acuerdo a lo que sientes...


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2- Aún cuando sabio y poderoso, si no crece en ti y en quienes te rodean, la felicidad y la libertad,

rechazaré tu ejemplo.

3- Acepta en cambio, mi propuesta: sigue el modelo de aquello que nace, no de lo que camina

hacia la muerte. Salta por encima de tu sufrimiento, y entonces no crecerá el abismo, sino la vida

que hay en ti.

4- No hay pasión, ni idea, ni acto humano que se desentienda del abismo. Por tanto, tratemos lo

único que merece ser tratado: el abismo y aquello que lo sobrepasa.


EL HORIZONTE TEMPORAL Y LAS TRES VIAS DEL SUFRIMIENTO.

Explicación Preliminar.

Si bien es cierto que el sufrimiento es como el síntoma de una disfunción de fondo, también es

cierto que a su vez se convierte en causa profunda de muchos otros males particulares y sociales.

En un principio, nos resulta dificultoso entender qué es en realidad el sufrimiento, pues muchas

veces lo confundimos con el inconveniente, la dificultad o los ineludibles trances y resistencias

de la vida. Y muchas personas piensan que en realidad no sufren pero reconocen que padecen

tensión, temor, ansiedad, desencuentro con los demás y falta de sentido en la vida. Bueno, esas

dificultades pueden ser compendiadas en la palabra “sufrimiento”. Por supuesto se trata de un

sentimiento que no queremos sentir. Un sentimiento indeseable, que a pesar de sernos tan

familiar, no ha sido juiciosamente estudiado por parte nuestra.

Pues bien, una buena manera de introducirnos al tema del sufrimiento, es comprender como

constituimos el tiempo en nuestra mente y cómo es que ese horizonte mental se contamina con

el sufrimiento.

Llamamos HORIZONTE TEMPORAL a la manera como cada persona estructura el tiempo en su

cabeza, y a la amplitud de su pro-tensión en el tiempo.

No estamos hablando de tiempos de reloj sino de tiempos de conciencia. En efecto la conciencia,

es una estructura espacio-temporal. Esto es, opera o trabaja, estructurando tiempos y espacios

mentales. A la conciencia le es dable “ir” al pasado o al futuro, o permanecer aquí en el “ahora”

presente. Esta capacidad de desplazarse en un horizonte de tiempo mental es una facultad

exclusivamente humana y ha tenido implicaciones enormes, al permitirnos hacer operaciones

complejas y desarrollar una visión mucho más amplia del mundo, las cosas y de nosotros mismos.

1- En primer lugar le ha permitido al ser humano experimentar EL TRANSCURRIR. Es decir,

el paso del tiempo. Solo el ser humano registra “el ahora” como un “después de” y un


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“antes de”, sintiendo el pasado como “algo de lo cual vengo” y el futuro como “algo a lo

cual voy”. Es como un desplazamiento o movimiento mental que converge

permanentemente en un punto siempre fugaz que llamamos el presente.

2- En segundo lugar, la posibilidad de “ir” al pasado, a través de la evocación, nos permite

estudiarlo, extrayendo de allí los datos que necesitamos (en forma de experiencia e

información acumulada y/o archivada), combinándolos infinitamente para funcionar y

crear.

3- En tercer lugar, podemos planificar el viaje vital. Podemos proyectar nuestro futuro,

previendo un incalculable numero de posibilidades, rectificando, reintentando y haciendo

ajustes permanentemente.

La conciencia entonces, es decir el ser humano, opera en tiempo presente con la información

acumulada del pasado, la cual manipula y transforma, para proyectarla con un sentido de futuro.

EL HORIZONTE TEMPORAL ES DINAMICO.

Esto quiere decir que cambia, que no permanece siempre el mismo, sino que se amplía o reduce

según estados mentales particulares. Además es diferente en cada ser humano según su

particular visión y evolución. Veamos un Ejemplo clásico: Las tres edades del ser humano. El niño

tiene un corto pasado y un futuro extendido. Nadie tiene la vida comprada, por supuesto, pero

es así como él la ve o la siente. Mientras que el adulto mayor, por el contrario, tiene un largo

pasado y un corto futuro. Esto es un asunto de REGISTRO, es decir de la manera como ellos lo

sienten y perciben internamente, lo que tiene enormes implicaciones y consecuencias. La

esperanza, la fe del joven es mucho más robusta, su entusiasmo e inspiración, por lo tanto

también. No tiene la pesada carga de un pasado ominoso, esta ligero y su paso es optimista y

alegre, porque entre otras cosas siente que cuenta con el tiempo suficiente para realizar lo que

desea. El anciano lleva un lastre a veces abrumador, pero lo que más logra deprimirlo y

angustiarlo es su “carencia de tiempo”, su corto futuro. Su fe esta casi extinta, y sus ideales,

sueños y aspiraciones es mejor transferírselos a otros más impetuosos. A alguien que crea aún.

Su desganó es más producto del futuro que se cierra que de la desilusión misma: es cierto que

todo es mentira, pero lo trágico es caer en cuenta hasta ahora, cuando ya no hay tiempo de

rectificar la senda. Claro, todo lo anterior son creencias, cosas que se sienten, pero que

determinan y condicionan la vida. Las tres edades del ser humano es algo que puede pasarnos a

cualquier edad.

Todo esto nos proporciona nuevas comprensiones sobre frases como “hasta que no seáis como

niños no podréis entrar al reino de los cielos”, o sobre la gran utilidad psicológica que tienen ideas

como “la otra vida”, o “la inmortalidad del alma”, o “su permanente transmigración”. Es este

también el mecanismo de conciencia que explica nuestra creciente apatía y nihilismo. La general

depresión del hombre de hoy, y sobre todo de la juventud, que no logra vislumbrar un halagüeño


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futuro posible. El mundo, construcción de generaciones anteriores, con su real amenaza nuclear,

su violencia generalizada, su deterioro ambiental y su doble moral, es un escenario

desilusionante, un abismo, del que no quiere responsabilizarse nadie.

El horizonte temporal, entonces, termina donde termina mi visión. Y mi visión es una forma de

organizarse la conciencia en un determinado momento. Ahora bien, es de primordial importancia

comprender que lo que estamos llamando organizarse o estructurarse la conciencia no es el

producto de un “gesto” o “actitud ocasional” sino es el resultado de un proceso o trabajo

acumulado, sostenido e intencional.

A cada momento, de instante en instante, los tres tiempos de conciencia se “cruzan” y convergen

en mi conciencia, determinando mi particular visión de la realidad. Esto es la estructuración del

tiempo mental, mi manera de “ser o estar en el mundo.

Ahora bien, también es importante hacer notar que la conciencia no podría operar si por algún

accidente no tuviera la posibilidad de usar alguno de estos tres factores. Sin pasado, es decir, sin

memoria, no habría acción intencional, y sin futuro, sin imaginación, no habría sentido. ¿De qué

vale lo vivido si allí “termina”, si no puedo proyectarlo al futuro? En el futuro está la esperanza y

toda posibilidad. Tanto el pasado, como el previsible futuro, solo pueden modificarse, en el

presente, percibiendo y actuando sobre el mundo que me rodea.

El pasado, el presente y el futuro mental son imprescindibles pues para el funcionamiento

cotidiano, pero cuando esos canales están contaminados por el sufrimiento se vuelven nocivos.

El sufrimiento, baja el rendimiento de la conciencia, la degrada y la deforma. Muchas cosas

peores hace el sufrimiento con los seres humanos, pero de ellas hablaremos en otra oportunidad.

Desde remotas épocasse sabe que las tres vías del sufrimiento son: LA MEMORIA, LA SENSACION

Y LA IMAGINACION.

Sin embargo, antes de continuar con el examen de estas tres vías consideremos y repasemos

algunos aspectos generales acerca del sufrimiento.

1- Muchas buenas personas nos objetan ¿Por qué tanta alharaca con el sufrimiento? Algo

tan común al fin y al cabo. ¿Acaso es que los humanistas están tan atemorizados que se

empeñan en huir de la realidad, flotando en un mar de hedonismo? Nada de eso. Para el

humanismo, el sufrimiento, es una señal de contravía. Un indicador de dirección

equivocada. Así como el síntoma es un indicador de enfermedad, el sufrimiento es un

indicador de disfunción o deterioro de la conciencia. “El sufrimiento es la señal de que

algo no anda bien; de la presencia de procesos psicológicos erróneos” asegura Darío

Ergas, en su libro “El sentido del sinsentido”. ¿Qué causa este decrecimiento o deterioro

de la conciencia? En primer lugar una disfunción básica: los aparatos de respuesta que


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hacen parte esencial y constitutiva de la conciencia NO están trabajando

sincronizadamente, o COHERENTEMENTE, y nuestro sujeto ha caído en un estado de

CONTRADICCION, que tiene múltiples niveles de complejidad. Esto es, su pensamiento,

su sentimiento y su acción se orientan hacia direcciones distintas. Nuestro sujeto esta

conflictuado, pues una parte de su ser va en una dirección y la otra a la opuesta. Nuestro

sujeto está dividido, partido, su energía no logra re-acumularse vectorialmente, y por ello

experimenta sufrimiento, y se agota vital y existencialmente.

Algunas de nuestras contradicciones son producto quizá de nuestra propia ignorancia,

algunas otras de simple falta de pericia, pero las más flagrantes, las más grandes y

dolorosas son el resultado de ciertos falseamientos en la manera como jugamos nuestro

conducta en el mundo. Técnicamente son llamadas “contradicciones por mala fe”; Es algo

así como pegarse de una cosa que uno “sabe” que en el fondo es una mentira. Estas

contradicciones invierten la corriente de la vida porque son un falseamiento de su

verdadero sentido.

2- El sufrimiento es violencia interna. Urgencia desmedida por torcer el lomo del futuro;

forzamiento, impulsado por Deseos y expectativas falsas, que se filtran por compensación

vindicativa. El sufrimiento y la violencia son causa y efecto el uno del otro. El circuito es:

Violencia = Sufrimiento; sufrimiento=Violencia; Violencia = Sufrimiento, etc. Del

sufrimiento no se saca ningún dividendo; no tiene ninguna utilidad, salvo alertar, dar

señal de contravía. El sufrimiento es una atmosfera interna enrarecida, un microclima

nocivo, donde no puede darse, ni manifestarse, ni desarrollarse ninguna presencia

sagrada. Sabemos que se han dado casos extraordinarios de sujetos que bajo la presión

extrema de sufrimientos intolerables han visto la luz. Pero aun en esos casos su

sufrimiento ha tenido que hacerse a un lado momentáneamente para permitirles ver más

allá de su propio dolor.

3- Pensar, Sentir y Actuar en la misma dirección es un acto de fe. Uno se la juega por una

dirección querida, escogida de antemano, intencionalmente, guiado únicamente por el

registro de encaje. Es como obrar con base en principios, no en simples coyunturas.

4- Diferenciamos el dolor físico del sufrimiento mental. El dolor es el hambre, la

enfermedad, la discapacidad, la injusticia social. El sufrimiento es injuria mental, violencia

interna, falseamiento. El dolor solo podrá retroceder en la medida que avancen LA

CIENCIA Y LA SOCIEDAD. El sufrimiento solo retrocede frente a la FE, EL AMOR y LA

MEDITACION INTERNA.


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EL PASADO

¿Qué es para la conciencia “el pasado”, como lo percibe, como lo registra? LA MEMORIA. (Por

evocación o recuerdo). Si tratáramos de enumerar todas aquellas experiencias dolorosas del

pasado y pudiéramos ponerle un nombre a esa carga de sufrimiento o malestar que llevamos,

bien podrían agruparse en dos grandes columnas: FRUSTRACIONES (también llamados fracasos),

y RESENTIMIENTOS.

Llamamos FRUSTRACIONES a todas aquellas cosas QUE PERDIMOS o no PUDIMOS ALCANZAR. Y

RESENTIMOS de aquellas personas o instituciones que nos causaron VIOLENCIA en cualquiera de

sus formas, o de aquellas personas o instituciones a las que CULPAMOS DE NUESTROS FRACASOS.

También sucede muchas veces que nos culpamos a nosotros mismos de nuestros fracasos, lo que

da lugar a SENTIMIENTOS DE CULPA, auto reproches y autoflagelaciones que a veces ni nosotros

mismos podemos ver tan fácilmente.

Nota: El resentimiento y la violencia son temas muy amplios y no pueden ser estudiados en su totalidad aquí. Ver

los materiales pertinentes.

EL PRESENTE

¿Cómo registra la conciencia el tiempo presente? Bueno, todo lo que “ESTA” ENTRANDO POR

SENTIDOS y lo que “ESTA” HACIENDO EL CUERPO, es percibido en tiempo presente. Y es de aquí,

es decir de la manera como HACE ESTAS OPERACIONES que deriva su sufrimiento o su

satisfacción.

El tema de la percepción y los errores que comete la conciencia con respecto a la percepción es

un tema muy importante y complejo, pero por ahora es suficiente con entender que todo lo que

un ser humano percibe es sometido casi instantánea y automáticamente a una INTERPRETACION.

Y esta interpretación, desde el punto de vista que ahora nos interesa, puede ser de dos maneras:

A) Objetalmente amenazante o B) Inofensivo.

Sucede con mucha frecuencia, y debido a los niveles de tensión por los que pasa una persona, se

suele juzgar como amenazante lo que en realidad es inofensivo, o juzgar inofensivo lo que

constituye una verdadera amenaza. A esto lo llamamos “desproporción en la interpretación de

lo que se percibe”. Y puede suceder tanto para imágenes aisladas, como en contextos más

amplios o situaciones más complejas, en grados variables. Así, pues, si yo desproporciono la

interpretación de lo que percibo, sufro. Existe una relación directa, entre mis interpretaciones de

la llamada realidad y mis emociones.

Ahora bien, entre una incontable gama de cosas que hace el cuerpo, se las puede esquematizar

en dos grandes grupos: A) Actividades y B) Relaciones.


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Si mis actividades son desordenadas y mis relaciones son conflictivas, igualmente sufro. Y dado

el mundo en el que vivimos, hay una serie de factores cuya desatinada interpretación da al traste

con mis relaciones y vacía de significado a mis actividades. Y es este cumulo de malas

interpretaciones, conflictos y desordenes, lo que hacen que me sienta confundido, desorientado

y débil. El sufrimiento, entonces, derivado del presente recibe el nombre de DESORIENTACION.

Hay que anotar, por último, que una vida sin-sentido imposibilita darle orden y significado.

EL FUTURO

Cuando hablamos de futuro, nos referimos a la forma como lo vemos o imaginamos. Y por cierto

que generalmente se nos aparece como algo no muy halagüeño. Esto se debe a que

“proyectamos” nuestro pasado como una especie de repetición compensada. Tememos, en

efecto, perder lo que tenemos (o creemos tener) y no alcanzar lo que queremos (o creemos

querer). Así como también, el ser objeto de violencia en cualquiera de sus formas. Este

condicionamiento del pasado redunda apabullando nuestra confianza, nuestra fe en nosotros

mismos y en los demás, y nuestra auto-estima. En síntesis, lo que fundamentalmente sentimos

con respecto al futuro es temor, INCERTIDUMBRE, miedo. Socrates, el gran filósofo de la ética

humana, definía el miedo como “la sospecha de un mal futuro”, en forma de pobreza, soledad,

enfermedad o muerte.

He aquí el cuadro del sufrimiento deslizándose por los tres tiempos de conciencia y

contaminando o deformando mi visión del mundo y de las demás personas. Y luego de vivir

durante un buen tiempo en este hostil y enrarecido clima, terminamos convirtiéndonos en una

cosa bastante extraña, incapaz de sentir verdaderamente lo humano del otro, lo sagrado del otro

y de nosotros mismos.

Sin embargo la conciencia humana no permanece indiferente al sufrimiento, ni responde a él por

simple reflejo como los animales, huyendo y poniéndose únicamente a salvaguarda. El ser

humano sometido a condiciones de hostilidad y sufrimiento, tarde o temprano reacciona

tratando de resolver su situación. Algo hace. O, mejor, todo lo que hace lo hace para eso, para

quitarse de encima el sufrimiento que carga.

Hay dos formas entonces de reaccionar frente al dolor y sufrimiento: 1) RESPUESTA MECANICA,

esto es automáticamente, por reflejo. Casi como si fuera un instinto. Y 2) RESPUESTA DIFERIDA,

es decir pensada, programada, premeditada. Generalmente en nuestra desesperación o nuestra

ignorancia, los humanos damos comúnmente respuestas reflejas. Con ellas intentamos mitigar

nuestro dolor, y lo hacemos de hecho momentáneamente y superficialmente. Son como

paliativos que nos ayudan a soportar el dolor, pero que no resuelven el nudo de fondo. La vieja

herida sigue allí, impulsando nuestra vida. Llamamos a dichas respuestas, RESPUESTAS FALSAS,


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por cuanto aflojan la tensión provisoriamente pero nada hacen por la resolución del núcleo de

problema. Estas aparentes salidas son de carácter COMPENSATORIO, pues no curan sino

entretienen el dolor.

RESPUESTAS FALSAS

1- Para la FRUSTRACION Y EL RESENTIMIENTO optamos por la VINDICACION

COMPENSATORIA. La revancha. Vengar EL PASADO, cobrar la factura de lo que yo creo

que la vida me debe. Así, entre las lindas cosas que deseo o exijo, se filtra mi venganza.

Fácil presa de desproporcionadas y falsas expectativas que creo ingenuamente van a

curar mi dolor, voy por la vida intentando doblegar el futuro, forzando a personas y

acontecimientos.

2- Para la DESORIENTACION, la respuesta mecánica es la AUTO-AFIRMACION. La mente

humana es referencial y trabaja con base en modelos. Mis creencias, mis paradigmas, las

cosas que conozco, las imágenes que me inspiran confianza, mis faros nocturnos, etc. son

mis REFERENCIAS, y sobre ellas me afinco. Ellas me hacen sentir seguro, pisando sobre

terreno firme. Desde hace mucho tiempo estoy identificado con ellas y creo ver en ellas

mi propia identidad. Si alguien me dijera que las dificultades que he tenido en mis

relaciones y en general en mi vida se debe a “mi manera de ser” obviamente no le doy

crédito; luego culpo a alguien o a algo y me justifico. Esta es la autoafirmación.

3- Para el MIEDO la falsa respuesta o respuesta compensatoria es LA BUSQUEDA DE

SEGURIDAD. Famosos “exitosos” han sacado de ella una considerable fuente de energía,

pero han dejado a su paso un devastado panorama de dolor y sufrimiento. Llamamos

motivación a esa imagen fuerza que te empuja desde el pasado y deseo, a esa que parece

lanzarte desde el ahora. Ambas son muy distintas de LAS ASPIRACIONES PROFUNDAS, y

de ciertas esperanzas que parecieran llamarte desde el futuro. En otra ocasión

hablaremos de ellas. Porque el cuadro de las tres vías del sufrimiento no quedaría

completo si omitiéramos LAS RESPUESTAS VALIDAS, para la verdadera resolución de la

problemática sufriente.

RESPUESTAS RESOLUTORIAS

1- Para la frustración y el resentimiento, no es la venganza del pasado lo que nos dará la

paz, sino LA RECONCILIACION. La reconciliación con nosotros mismos, con las

situaciones vividas y con los demás. Sólo así lograremos liberarnos. Para ello se debe

iniciar un laberintico sendero guiado fundamentalmente por el siguiente principio:

“HARAS DESAPARECER TUS CONFLICTOS CUANDO LOS ENTIENDAS EN SU ULTIMA

RAIZ, NO CUANDO QUIERAS RESOLVERLOS”. Así de comprensión en comprensión


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iremos avanzando e integrando en un solo cuerpo coherente los contenidos

desintegrados de la conciencia.

2- Para la desorientación y el sin-sentido, habremos de encontrar para nuestra vida una

nueva dirección intencional, con base en un nuevo proyecto. Nuestra ESTRUCTURA

DE SITUACION debe evolucionar e INTEGRARSE COHERENTEMENTE. Nuevas

significaciones que nos den sentido habrán de orientar nuestras acciones, siempre

avanzando hacia la superación de la violencia y el sufrimiento. “La vida tiene un

sentido –decía un sabio- y todas las acciones deben ser orientadas por ese sentido”.

3- Para la incertidumbre y el miedo la única respuesta resolutoria es la FE, LA BONDAD

Y LA CONECCION PERMANENTE CON UN CENTRO DE GRAVEDAD INTERIOR.

Hemos completado ya el cuadro sufriente de nuestro horizonte mental. Algo en lo que

también todos los seres humanos somos iguales. Así hemos recorrido nuestra vida y así

continuara, a menos que tomemos la decisión de hacernos cargo. Bella y dura senda que

solo transitan unos muy pocos temerarios. Antiguamente se la conocía como “El viaje del

héroe”, un tortuoso y oscuro laberinto subterráneo donde nuestros dolores y demonios

conviven incómodamente. Habrá que pasar por allí, ineludiblemente, si queremos salir a

la luz del nuevo día. Los viejos sabios llamaron a este camino “la gran obra”, “el trabajo

interno”, o “El camino de la muerte”.

Se trata de un trabajo CONSIENTE, INTENCIONAL, cuyo objetivo es la resolución de la

problemática que hemos expuesto. En principio se opera por la normalización de la

conciencia y luego buscamos su ulterior desarrollo.

Dicho camino constituye una senda solitaria, pero es, sin embargo, algo que no puede

hacerse solo. Al menos en sus tramos iniciales. Todo comienza con la participación en un

grupo de estudio y apoyo. Ese grupo, que con el tiempo se convierte en un equipo, será

la fuerza y la guía que me faltan, hasta el momento en que la fuerza y la guía la pueda

obtener de mi mismo. Tampoco es un trabajo que pueda realizarse pensando

exclusivamente en mis propios intereses, por el contrario, mi fuerza se multiplica

ayudando a otros y los procesos requeridos se consolidan en mí sólo cuando apoyo el

proceso de otros.

Todo el OFICIO que podemos y debemos hacer por ahora, está contenido en un libro

llamado AUTOLIBERACION. Y esta charla concluye con la invitación a formar parte de un

grupo para el estudio e incorporación de cada una de sus lecciones.

GRACIAS.

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